Tu cabello dorado Margarete; tu cabello cenizo Sulamit.

Las ausencias en ocasiones sirven para alcanzar cierta perspectiva y retomar con mayor entusiasmo este viaje maravilloso, que no es más que compartir aquellas cosas que me emocionan a la par que me inquietan, y por tanto me hacen seguir adelante. Después de un largo periodo sin escribir, creo que ha llegado el momento de despedir el año con una entrada para dar paso a una nueva etapa, que me permita continuar expresándome de la única forma que sé, a través de la palabra.

Desde Muestra0 Feliz Año 2016.

Las líneas trazadas sobre un lienzo se convierten en esta ocasión en el recurso apropiado para declamar unos versos que nacen de la desolación, confluyendo de forma paralela con un reguero de manchas de tinta en el papel, modelando las palabras para convertirlas en imágenes. Son estos versos los que despiertan en mí fascinación y atracción:

“Tu cabello dorado Margarete,

Tu cabello cenizo Sulamit”.  

Los versos pertenecen al poema Fuga de la Muerte”, del poeta Paul Celan, y es el artista alemán, Anselm Kiefer, quien los rescata para reconstruir uno de los fatídicos acontecimientos que la historia ha sido testigo, los campos de exterminio. Así pues, se conjugan dos formas de mantener vivo el recuerdo. Por una parte, la bellísima poesía de Celan, que deja al lector una carga emotiva difícil de olvidar, y por otra, la obra de Kiefer, que en la misma línea permite recrear de manera magistral las palabras del poeta.

El cuadro que hemos escogido, cuyo título original es “Dein goldenes Haar, Margarethe”, del año 1981, asume la sonoridad del poema respetando su voz original. Una voz que el artista utiliza en la composición del cuadro, quebrando los silencios en esos espacios que encuentran su ubicación exacta en los surcos producidos por el pincel sobre el lienzo.

Son poco frecuentes los momentos en los que se brinda la oportunidad de compartir una conversación sincera, pero cuando se produce con la misma fluidez entre estos dos hombres, no caben las interpretaciones, sino dejar brotar la emotividad que despiertan.

Anselm Kiefer, nace en Donaueschingen, en 1945, un pueblecito situado en el sur oeste del estado de Baden-Wüttemberg. Decidiría estudiar arte en la academia de Freiburg, en Dusseldorf. Alumno de personajes tan influyentes como Horst Antes o Joseph Beuys, tuvo la agudeza de ir estructurando su obra, y porque no decirlo, también narrarla, de todos aquellos temas que incomodaban (y que a día de hoy ciertos aspectos siguen incomodando) a la sociedad, me refiero por supuesto a la Segunda Guerra Mundial y al nazismo. De ahí que se le considerara en los años setenta y ochenta, un artista provocador e inquietante.

Como expresaría Mª José de los Santos Auñón: “Así, tal que si se tratara de un verdadero conjuro, algunos se explican que ‘sin más’ la cofradía formada por Kiefer, Lüpertz, Baselitz y Penck fuera aclamada como los Padres de los Nuevos Salvajes. El embrujo sería canalizado por expresiones como A New Spirit in Painting y Zeitgeist, donde no se escatiman piruetas lógicas y emocionales con las que explicar que la consagración no fue tan repentina. No todo era un juego de manos. Probablemente, tuvieran razón. Pero se había incurrido en una lectura que descontextualizaba lo fundamental, y eso, sin ser magia, también produce ilusiones, alucinaciones ópticas.”[1] De esta forma, emergieron como titanes, enmarcados en la corriente neoexpresionista, dando un nuevo rumbo a la pintura alemana.

El pasado 16 de diciembre, el Centro Pompidou de París inauguraba una exposición de este impresionante artistita contemporáneo. Un recorrido por su obra llena de retazos desgarradores y pasajes oscuros, que intentan buscar salida a la compleja visión de un hombre para dar forma a los fantasmas del pasado. Dicha exposición podrá ser visitada hasta el 18 de abril de 2016. Así que los que tengáis pensado hacer una escapada, creo que este puede ser un buen lugar para empezar.

[1] Nota extraída del libro de Mª José de los Santos Auñón, Neoexpresionismo Alemán. Colección Arte Hoy. Ed: NEREA, 2004, pg. 58.

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