Who Are You - Dibujo de Borja Estela

Siguendo la Estela.

Entrevista al artista Borja Estela Prieto.

Fue la casualidad, la que nos permitió conocer el trabajo de Borja Estela Prieto y tener la ocasión de quedar y hablar con él. Esto nos llevó a profundizar en una idea que deberíamos plantearnos en algún momento, pues la lucidez de su pensamiento establece una nota de atención sobre la necesidad que tenemos de escucharnos, de relacionarnos y entrar en contacto con el otro. Su concepción de cómo vamos conformando dichas relaciones e interactuamos con esa fugacidad que caracteriza nuestro tiempo, me hizo pensar sobre el modo en el que intentamos reconocernos en ese otro, en aquel que creemos extraño que a su vez se transforma en reflejo y referente, permitiendo que mantengamos ciertos encuentros que adquieren un carácter de consumo inmediato y con fecha de caducidad próxima. La soledad, la identidad, las miradas, la liquidez, como diría Bauman, juegan un papel central en la obra de este joven artista, en el que los espacios y las relaciones se vuelven efímeras, fútiles.

Pensamos que la mejor forma de finalizar este año, es a través de la entrevista que le realizamos a este joven crevillentino. Su trabajo es el idóneo para este propósito y os animamos a que seáis vosotros quienes le descubráis.

¡Feliz año 2015!


Maite: Borja, ¿de dónde, podríamos decir, que parten tus orígenes en el mundo del arte?

Borja: ¿De influencias? ¿Te refieres…?

M: El origen de cómo nace esa inquietud a la hora de ponerte a dibujar, a pintar…

B: Siempre me he considerado una persona bastante sensible. Mi padre hacía poesía secretamente, escribía poemas, y a mi madre le gusta mucho la lectura. Así que en ese aspecto tenía un bagaje cultural, por así decirlo, bastante más rico. Pero también es cierto que yo incluso intenté expresar esas inquietudes dentro de mí. Sin embargo, no conseguí hacerlo tan bien, o no me sentía tan satisfecho hasta que un día, no sé, la verdad es que no me acuerdo bien, empecé con todo el tema del dibujo. Y la verdad es que de pequeño se me daba fatal. Suspendía plástica, me lo aprobaban por pena. Tengo una profesora de plástica que cada vez que me la encuentro me dice: “Tú, Borja siempre llevando la contraria. ¿No? Yo tenía que aprobarte por pena las clases y ahora, artista.”
Bueno, el caso es que también descubrí el manga y los comics. Esto fomentó el interés en ponerme a dibujar. A partir de ahí, la cosa fue creciendo hasta el punto de empezar a estudiar bachillerato artístico en Elche y a descubrir artistas, gente, profesores que te apoyaban, que te guiaban. Y la decisión fue tirar para adelante, para Bellas Artes.

M: Lo tenías muy claro.

B: Sí, así es. El descubrir el manga, el entusiasmarme con la idea de dibujar comics. El conocer a una profesora en el instituto que me animó. Me dijo: “Oye, por qué no haces Bellas Artes.” Y esa idea fue gestándose, fui descubriendo otros artistas, dentro y fuera de la historia del arte. Y así hasta el día de hoy, que no se hacer otra cosa que coger un bolígrafo y ponerme a dibujar.

M: En una conversación previa que mantuvimos, me comentabas que te pusiste a dibujar porque te resultaba un poco difícil expresarte con palabras. Pero sin embargo, en tu trabajo, haces alusión al lenguaje como elemento que va construyendo esa identidad del individuo. Como mencionábamos antes, el arte, la pintura también son un tipo de lenguaje. ¿Crees que es un lenguaje que te permite complementar a la palabra?

B: Por supuesto. Completamente. Y más para mí, que como te decía, tenía esa dificultad a la hora de plasmar lo que quería decir con palabras. Pienso que el dibujo me ayuda a acertar con lo que quiero expresar. El expresar mis inquietudes en el dibujo, la verdad es que complementa mucho ese principio teórico, ese principio de palabra, de comunicación, que hace que surja esa inquietud. Y supongo que el dibujo es una forma de terminar esa sensación.

Pero lo que decías sobre mi trabajo, eso lo escribí para que de alguna manera relacionar ese nuevo paradigma comunicativo del que hablo en él. Cómo se está conformando una nueva identidad y vertebrar ese nuevo cambio paradigmático en las relaciones de hoy en día. Ese cambio de paradigma a la hora de relacionarnos, hablando y escribiendo, y después ese cambio a la hora de expresarlo en una obra gráfica.

M: En tu trabajo de investigación, abordas distintas ideas que convergen todas ellas en una misma dirección que es la soledad. ¿Qué importancia tiene la soledad para un artista?

B: Para mí la soledad tiene muchísima importancia, porque siempre he sido una persona muy independiente y creo que todo lo que ha nacido de mi obra ha sido gracias a eso. Tener esa soledad para autorreflexionar. Para hacerme las preguntas que me inquietaban e intentar buscar alguna de esas respuestas.

Es curioso que ahora, uno de los problemas que abordo, es que tenemos mucho miedo a estar solos. Y sin embargo, desde mediados de siglo estamos solos. Somos narcisos completamente absorbidos, ya no por el reflejo que nos devuelve el agua sino por el reflejo que nos devuelven las pantallas de nuestros dispositivos móviles, la televisión, el ordenador y ahora las tablets, los smartphones. Cualquier aparato electrónico nos absorbe de tal manera y buscamos ese reflejo en las pantallas de nuestros dispositivos.

Pienso que la soledad es algo necesario para reflexionar y crear nuestra identidad. Y estos nuevos dispositivos comunicativos merman esa sensación. Parece que quieran dar solución a ese problema, y creo que forman más parte del problema que de la solución. Porque una persona, ahora mismo, cuando está a solas, se inquieta. Busca enseguida esa conexión a través de ese dispositivo móvil. Y esa búsqueda incesante de conexión, al final, conlleva al aislamiento completamente. Es muy habitual que cuando estás en la cola del banco o esperando el metro, en la parada del autobús o en un atasco, ¿qué haces? Enseguida buscas el móvil. Y se ha convertido en algo normal.

M: Se ha naturalizado.

B: Se ha naturalizado de tal manera que hace diez años esto no era así. Hace cinco, tampoco. Y ahora parece que sea ese el paradigma a seguir y cualquier otra cosa es algo ya fuera de la norma.

M: Reflejas la ciudad en tu estudio, como un lugar en el cual, a pesar de que tiene espacios muy amplios, la gente ya no interactúa entre sí y se encuentra inmersa en una especie de gran aislamiento. Y mencionas además, el concepto de Marc Augé, los “no-lugares”. ¿Opinas que tendemos cada vez más a sentirnos más cómodos al transitar por esos “no-lugares”, que no requieren ningún esfuerzo de comunicación y de relación con los demás?

B: Muy buena la pregunta. Descubrir a Marc Augé y sus “no-lugares”, fue como si alguien te golpeara en la cara de esa verdad encubierta. En la ciudad postmoderna, si ahora piensas qué sitios de reunión hay, es el centro comercial. Nos lo contaba nuestra profesora de máster, que un día quedaron todos los alumnos de su clase en la plaza enfrente del Ayuntamiento de Valencia, una plaza pública. Se supone que la plaza es un lugar de encuentro. Se juntaron quince personas y a los cinco minutos había dos Guardia Civiles preguntándoles qué hacían ahí. Que no podía haber tanta gente congregada sin un motivo. Se pensarían que iban a montar una manifestación o que iban a gritarle a Rita Barberá o algo. Pero era algo muy curioso como la plaza, un símbolo de lugar de encuentro, de lugar de relación, de lugar de comunicación, había sido tan coartada que apenas existía.

M: ¿Esto puede llevarnos a una pérdida de la identidad y por consiguiente de la memoria colectiva?

B: Sin duda. Ayer hicieron Wall-e en la tele y no puedo evitar imaginarme, en un futuro, una sociedad tan distópica como la que presentaban en esa película. Me refiero, gente yendo cara a la pantalla. Yendo el uno al lado del otro sin saber que pueden girarse y hablar. Hay una escena que me parece súper tierna. Que uno de los humanos que hay ahí, le toca la mano a otra persona y oh! Parece impensable, pero cada vez más se va perdiendo esa memoria, ese contacto, ese feeling. Y es muy triste. Para alguien como yo que siempre ha sido muy independiente, veo que cada vez más, se pierde el contacto. Que ya no puedes hablar con tu hijo si no se conecta a whatsapp o le mandas un whatsapp.

M: Te centras también en la obra de Zygmunt Bauman, la Modernidad Líquida. ¿Cuáles son los factores que destacarías que han influenciado en tu trabajo?

B: A mí el descubrimiento de Bauman la verdad es que fue algo genial. Me acuerdo que empecé Claves del Discurso Artístico en el Máster, y el profesor nada más entrar por la puerta nos pregunta: “¿Y qué certeza tenéis vosotros de que cuando lleguéis a casa vuestra madre no ha envenenado la comida?” Claro, te quedas así y dices: “¿Pero que me suelta éste?” Pero empieza a hablar y a decir que en este mundo en el que vivimos ahora, como que la certeza, lo que creíamos sólido, como que ya no es tan sólido. Estamos en un tiempo tan precario, tan líquido, como dice Bauman, que hasta las relaciones son líquidas, todo va con prisa, todo es efímero. Esa inseguridad, esa fragilidad del ser humano en sus relaciones con todo. Un servicio que cuando concluye, la relación ha terminado, y tú por un lado y yo por otro. Y el hecho de conocer a Bauman me dio ese bagaje para afrontar mejor todo eso que te decía de los problemas identitarios del individuo en la ciudad. Porque él dice que éstas conexiones, no le llama ni relaciones, surgen a través del nuevo paradigma comunicativo.

M: Entonces, ¿el concepto que maneja Bauman de lo líquido, también afecta a la forma de concebir y entender el arte?

B: Una de las cosas que empleo en mi trabajo, es la utilización de un papel muy frágil. Es un papel que en Bellas Artes se utiliza para bocetos o para hacerle la cama al papel principal cuando vas a dibujar. Podríamos decir, que ese papel es una crítica a la relación frágil que se crea utilizando ese medio. Por eso, a mí sí que me sirve, sí que puedo extrapolar todo lo que he aprendido de ese hombre en mi obra. Creo que muchos artistas que hayan leído su trabajo, sabrán sacar ese principio, esa tesis, que él muestra en su obra. Y por supuesto, ahora que hablamos también de tiempo líquido, creo que esa liquidez afecta al carácter inmutable que pueda tener el arte. De perecedero, de lo que decíamos de frágil. Ya no es la gran obra que perdura en el tiempo, no. Se va perdiendo la memoria colectiva, por supuesto, y también afecta al arte, por desgracia.

M: En cuanto a tu forma de trabajar, resulta llamativo que emplees como instrumento para la creación de tus obras el bolígrafo. ¿Cuál es el motivo de ello? ¿Y qué es lo que te proporciona el bolígrafo que no pueden darte otros materiales?

B: Como estudiante de Bellas Artes, empecé con el carbón manchándome las manos. La verdad es que sólo había tocado el bolígrafo antes para la realización de un comic, para sacar unos tonos negros de grisalla, pero nunca le había dado tanta importancia al bolígrafo. Sin embargo, en tercero de carrera, cursé una asignatura que era Anatomía Artística. Con una eminencia, la verdad. Le llaman “El Metge”, es artista fallero que tiene la doble titulación, es médico y aparte es artista. Y el hombre nos exigía que en los trabajos que hiciéramos, de calaveras, de pelvis, de dibujo de huesos, utilizáramos sí o sí, el bolígrafo. Porque él nos pedía un alto compromiso. Que pensáramos dos veces antes de dibujar, antes de plasmar lo que íbamos a dibujar.

Y bueno, yo presenté después la carpeta con todos mis dibujos, pensando que me iba a decir que eran dibujos muy pobres. Y para mi sorpresa, alabó mi trabajo, me dijo que estaba muy bien, que nunca había visto una exquisitez de grisalla y que siguiera por ahí. Y eso me animó a tomar el boli. Primero en trabajos más pequeños y ya después, empecé a tomarle tanto el gusto que ya me embarqué en proyectos de 100×70, trabajos bastante grandes, figurativos. Me proporcionaba esa seguridad de afrontar ese modelado de la figura humana. Le daba mucho efectismo a la figura. Y a partir de ahí, con los retratos y con cualquier cosa. La serie de retratos de Who are you, también la serie del Síndrome de Narciso, que eran figuras que se encontraban con su reflejo completamente desfigurado y distorsionado, y empezaban a gritar diciendo: “¿Esto qué es?” También están hechas a bolígrafo. Y nada, hasta ahora. Sí que es cierto, que he trabajado otras técnicas como la acuarela o la cera.

Pero creo que he conseguido sacarle unas texturas o un trabajo al bolígrafo con el que me siento muy a gusto tanto por su ambivalencia, lo bien que sirve para el apunte rápido, tosco y que se vean los contrastes, como en la rayada. Como esa delicadeza y suavidad de eliminar el trazo completamente, y que quede una grisalla lo más fina posible.

M: ¿En qué artistas te has inspirado para trabajar el tema de la soledad, como ese nuevo paradigma de comunicación del que hablas?

B: Sin duda, el artista que me vino a la mente enseguida para presentar estas imágenes fue Edward Hopper. Ese silencio que crea en cada una de sus imágenes, esa incomunicación de las personas era lo que quería plasmar en mi trabajo. La sensación de comunicación, de yo estar aquí y tú estar pegado a escasos centímetros de mí pero como si estuvieras en la otra punta del mundo. Eso es lo que enseguida quería aportar de Hopper.

Otro artista más reciente, más cercano a mí incluso, es Santiago Polo. Hizo una serie de cuadros abstractos con un cariz figurativo. Se veían a las personas andando solitarias, en un mundo que parecía que no había relación entre esa figura que miraba a otra apoyada en la pared. Están ahí pero no están. Era como si una ceguera blanca no les permitiera ver.

M: Me hablabas también de Juan Genovés.

B: Juan Genovés fue uno de los descubrimientos. Una de las cosas que tiene el ser artista, no conformarte con algo. Juan Genovés, la pintura de El abrazo es algo genial. He podido ver sus últimos trabajos, la muchedumbre que hace simplemente con unas pequeñas manchas de pintura, creando un efecto de cantidad, formando composiciones varias. La sensación de horror vacui. Gente yendo y viniendo sin saber por dónde, que pueden pasar perfectamente como si fuera una mancha hecha a bolígrafo o hecha de cualquier material. Pero claro, es todo difuminado porque transitan en esos “no-lugares”. Y ahí están en la ciudad, con los grandes focos de los carteles de publicidad, iluminando siempre sólidos y nosotros los líquidos.

M: Para finalizar. ¿Qué proyectos tienes actualmente en marcha?

B: Bueno, sigo con esta investigación para realizar una tesis doctoral y que pueda terminar en un catálogo de obras para exponer. Y sobre todo ir explorando el carácter del bolígrafo. Es lo que hablábamos, me siento muy cómodo con este material. Pero sé que se puede explorar más. Por ejemplo, otra idea que tengo es ya directamente romper el bolígrafo, quitar la tinta y trabajarla con disolventes, disolvente universal, aguarrás y pintar con ella. Llegar a un estado más pictórico. Elevarlo a categoría de lienzo y dejar el papel. Para abordar otras posibilidades técnicas de mancha, como Juan Genovés. A lo mejor no ya utilizar el bolígrafo para dibujar en trazo esa muchedumbre que va y viene, sino directamente hacerla una mancha y que quede en el tejido de la ciudad. Esa ciudad, que ya te comenté, postmoderna llena de carteles luminosos y la gente que la habita es simplemente una mancha. Obligada a vagar de un lado a otro, ajena completamente al resto, completamente solos, una ciudad completamente vacía.

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