La belleza del micromundo de Alberto Meseguer García.

Humano, demasiado humano IIEn realidad no sé muy bien por qué me acordé, así de pronto sin más, del entrañable cuento de Antoine de Saint-Exupéry, “El principito”. Bueno, lo cierto es que sí lo sé. Cuando descubrí la obra de Alberto Meseguer, y le vi en el video titulado “Pequeño planeta y mundo interior”, vino a mi memoria ese maravilloso relato. Intenté imaginarme a Alberto dentro de ese micromundo, que había ido construyendo poco a poco, no sin mucho esfuerzo y dedicación,  en el cual gracias a esa sensibilidad que posee, la serenidad que trasmite, timidez e intuición, era capaz de crear esculturas tan bellas como Ágape.

Es en este mundo interior, donde Alberto es capaz de explorar, imaginar, estudiar y reproducir las más hermosas formas, con una calidez asombrosa. Formas que, inmediatamente, son por sí solas capaces de adquirir identidad propia y expresarse tal y como se sienten. Quizá por ello no quería perderme la ocasión de conocerle y contemplar su producción artística.

Cuando nos conocimos, enseguida noté esa timidez que antes mencionaba y que él mismo no tardó en señalar en nuestra conversación. Es un hombre cercano, afable en el trato, de charla distendida y relajada, en la que se puede apreciar el gran respeto que tiene hacia su profesión. A pesar de que es un escultor joven, y le queda mucho potencial por sacar a relucir y explotar, en su obra se deja entrever una sencillez que no requiere de ornamentos para trasmitir emociones en aquellos que saben mirarlas, o mejor dicho, se dejan llevar por la sinceridad y naturalidad que revelan.

Uno de los aspectos interesantes a destacar de la escultura de Alberto Meseguer, es su pasión hacia el cuerpo humano, algo que está presente en cada una de sus creaciones. Para él, el cuerpo no es un mero vehículo para expresar una emoción, sino que llega a transformarse en un lenguaje complejo, con el que poder mantener un diálogo íntimo e interactuar con él. Es posible que de seguir en esa línea, Alberto sea capaz de realizar grandes cosas, sorprendiendo a muchos con esa forma de hacer tan franca y honesta.

Entre sus obras me resultó muy atrayente la serie de “Mapas, y lo sorprendente de ella es que llega a ofrecer diversas interpretaciones. Las connotaciones que despertaron en mí fueron de lo más variado, haciéndome reflexionar sobre aspectos que en ocasiones tenemos olvidados, como la relación y comportamiento que el ser humano ha mantenido y mantiene sobre el planeta y sus especies, transformándolo muchas veces a golpe de martillo, simplemente para hacerlo más comprensible a su realidad.

Espero que con esta entrevista descubráis y disfrutéis tanto como lo hicimos nosotros al hablar con Alberto, ya que no es sólo un artista sensacional sino también una persona extraordinaria.

Maite. Hola Alberto, para quien no te conozca, podrías decirnos ¿cómo es Alberto Meseguer?

Alberto. Pues no lo sé la verdad. Supongo que alguien un poco discreto, un poco tímido y con pasión por la escultura.

M. ¿La timidez te ha supuesto alguna vez un obstáculo en tu trabajo?

A. No, porque quizá sea el canal por el que te expresas y pierdes un poco lo que puedas tener ahí.

M. ¿Llega a ser algo parecido a una terapia?

A. Sí. Pero también tiene una parte que no es todo tan bonito. La lucha por conseguir que algo sea realmente bueno es muy difícil. Hay momentos de placer cuando ya se ha acabado, el camino de hacerlo es muy bueno.

M. El ser artista, ¿es ser exigente con uno mismo y autocrítico?

A. Sí, claro. Algunas veces en exceso, pero bueno. No todo vale, hay gente que tiene facilidad y otros tenemos que echarle mucho trabajo para sacar algo en condiciones.

M. Como escultor, ¿de dónde nacen las ideas para la creación de tus obras?

A. Pues de lo cotidiano, de lo que me envuelve, y sobre todo del cuerpo humano también, que es uno de los temas y pasiones que más me gusta a la hora de trabajar la escultura.

M. ¿El cuerpo humano habla por sí solo?

A. Sí, es algo especial, es un tema que siempre ha estado relacionado con la escultura, pero dándole un toque personal te puede llevar a sitios increíbles.

M. El tener un espacio como este para poder trabajar supongo que ayuda bastante. Hemos visto el video donde muestras tu taller y en realidad es como un micromundo, en el que parece que se propicia la creación de ideas. ¿Crees que es importante tener un lugar propio o cualquier sitio puede resultar óptimo para trabajar?

A. Depende de lo que quieras hacer, porque ha habido momentos en los que he hecho obra en un bancal, por ejemplo, pero sí que está bien tener un sitio donde partir, donde tener tus materiales, tus herramientas…

M. Estamos aquí conversando contigo, y nos damos cuenta que tienes un patio increíble, estas en contacto con la naturaleza, todo eso debe ayudar también a la hora de trabajar.

A. Sí, alimenta, te nutre de vivencias y de formas, también en este caso de ideas, potencialmente escultóricas.

M. ¿En alguna ocasión te has sentido estancado?

A. Sí, muchas veces.

M. ¿Y qué hace Alberto cuando está estancado?

A. Pues parar y no hacer nada (risas). No hacer nada no es verdad, las cosas tienen un flujo y hay veces que hay que adaptarse a ese movimiento, rápido o lento, dependiendo de las circunstancias, y hay que saber canalizar las cosas.

M. Fuiste galardonado con la Mención de Honor del Premio Senyera de Escultura- Valencia 2012, con la obra “Ágape”. Nos podrías contar ¿cómo fue la realización de esta obra y por qué el nombre de “Ágape”?

A.  El nombre de Ágape fue como todos los títulos lo último. Era ese homenaje al cuerpo y a la alegría de la carne. El nombre surgió hablando con un amigo, que me habló de un tipo de amor, que es el amor hacia los amigos y también que tenía una relación con el primitivo cristianismo y me pareció un título perfecto que lo describe de una manera bastante bonita.

El proceso ha sido de casi un año y medio o dos años. Porque empiezas a hacerlo y al final te demoras y se retrasa, pero bueno… fue gente que prestaba una parte de su cuerpo, y en este caso la idea era ir componiendo con distintas personas un cuerpo. Ir jugando con la composición, empecé a hacerlo y me di cuenta cuando llevaba cuatro piezas hechas que más o menos tenía que ser la gente de la misma altura, porque si no la distorsión era bastante más de lo que yo quería. Yo quería que pareciese una misma persona siendo todas diferentes.

M. ¿Qué supuso recibir una mención como esta?

A. Estar ahí y que te reconozcan el trabajo está muy bien.

M. Prácticamente tu producción es escultórica, aunque también tienes pinturas, y entre ellas me gustaría destacar el díptico de “Laguna Estigia”. Ya que el Estigia, en la mitología era uno de los ríos del inframundo, ¿qué significado tiene para ti?

A. Eso fue en realidad, de esas cosas del azar, de jugar un poco y descubrir materiales, formas y colores. En este caso, fue una chapa de madera que había sufrido una inundación en un taller que teníamos en Madrid, que se inundaba cuando llovía mucho, y esa madera ya había sufrido cierta humedad, era un contrachapado, lo despegué y salieron las dos formas del cuadro al que te refieres. Era todo un descubrimiento. Lo del título, no sé si haciendo referencia a eso, al navegar ahí, estar oculto y cruzar al otro lado.

M. ¿A veces las cosas salen por casualidad?

A. Sí, están ahí, hay que verlo. En alguna pieza me ha pasado, de pasar algo y llegar y ver lo que otros no han visto. La mirada es lo que hace la obra. También pasa que cuando quieres determinada cosa lo miras y tu mirada está condicionada y es diferente.

M. Supongo que para un artista la formación, el aprendizaje y la reflexión debe ser una constante, siempre aprendiendo y descubriendo cosas nuevas. Uno no puede quedarse parado, ¿verdad?

A. No, hay que estar ahí siempre y seguir estudiando. Yo ahora como no tengo trabajo aprovecho para estudiar, y voy a la escuela de arte en Murcia. Me estoy sacando allí un ciclo de arte formativo de escultura y te ayuda a mantenerte despierto, aprender nuevas técnicas, nuevos materiales. Te viene bien para seguir formándote, claro.

M. ¿Si tuvieras que elegir un artista al que admiras con quién te quedarías?

A. Pues no lo sé, hay varios. Ahí está por ejemplo Jaume Plensa, me parece que da una visión muy particular de la figura humana. Hay muchos artistas que me gusta lo que hacen y te sirven para ver que hay gente que es muy buena en lo suyo.

M. ¿Y una obra?

A. Pues no lo sé. Hace unos pocos días descubrí a un escultor italiano que se llama Aron Demetz, y trabaja también con la madera. Es de una zona del norte de Italia, que hay unos cipreses con unos troncos impresionantes, trabaja con su entorno, con esa madera y hace cosas muy potentes. Fue a través de una amiga que lo descubrí y cuando más te gusta una obra es estar en contacto directo, pero aunque sea a través de fotos, como es este caso, te recrea también. Las circunstancias van cambiando y todo eso hace evolucionar el arte.

M. Si no estoy equivocada tu última exposición fue en 2013 “ENVIÑARTE”, en la que entre tus obras estaba expuesta “Humano. Demasiado humano II” y la escultura que ya hemos mencionado anteriormente de Ágape. Ahora ¿qué proyectos tienes en marcha?

A. Los proyectos son seguir haciendo obra y seguir disfrutando del hacer y tener tiempo. Y en un futuro todo ese cúmulo de cosas que se van aquí acumulando explote, y además de vivir con ello, poder vivir de ello. Sería una meta chula.

Desde Muestra0, muchas gracias por compartir una tarde con nosotros y esperamos que tengas muchísima suerte en cada proyecto que te decidas a realizar, estamos seguros que llegarás muy lejos. Un fuerte abrazo.

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