David Costa: Reflexiones sobre el Eidetismo y la Abreacción.

David Costa
David Costa

Hablar con David Costa, es encontrarse frente a un hombre que se descubre de manera tímida permitiéndote, no sin cierto pudor, revelar los rincones más desgarradores de su psique. Pero hablar de David Costa como artista no es sencillo, es un hombre poliédrico, y en cada vértice se vislumbran muchos matices que estructurados a un tiempo le confieren una identidad y expresión únicas.

Desde el primer instante que me topé de lleno con el trabajo de David, estaba muy interesada en conocerle y especialmente en profundizar  en el contenido conceptual de su obra. Esto fue posible gracias a un amigo que tenemos en común, y artífice de que nuestro encuentro se produjese.

Aproximarse a la obra de David requiere, tener la capacidad de ir más allá de la imagen representada, bucear hacia una introspección que nos permita mantener, de ese modo, una relación directa entre el cuadro y el sujeto que la contempla. Esta relación hace posible, que cuando nos exponemos a la obra de David, seamos capaces de experimentar no sólo los temores o los traumas internos de su autor, sino también identificarnos con los nuestros.

Sin lugar a dudas, las dos series que presenta este artista, “Eidetismos” y “Abreacciones”, no son dos conceptos escogidos al azar como pude comprobar a lo largo de nuestra entrevista, sino que por el contrario establecen el punto de partida de una compleja correlación entre el artista y sus conflictos, convirtiéndolo en una narración coherente y cargada de una fuerte violencia expresiva. La transformación y el desdoblamiento de las figuras, en las que el cuerpo carece de importancia y dan paso a una metamorfosis fantasmagórica de los propios miedos, se hacen visibles y palpables, en las que uno irremediablemente termina sucumbiendo a ese universo íntimo del alma humana, en el que los sentimientos afloran de manera visceral.

Tengo la obligación de decir, que la entrevista que llevamos a cabo y que a continuación presentamos, es sólo un extracto de todo lo que dio de sí, pero creo que recoge la esencia de este extraordinario artista. David Costa es una rara avis en medio de un inmenso páramo, pero precisamente esta característica es lo que le transfiere esa genuinidad que lo diferencia del resto, desmarcándose por completo de convencionalismos y dotando a su obra de un carácter y firmeza que resulta difícil quedar indiferente ante ella.

Sólo me queda darles las gracias a David y a su mujer, por abrirnos las puertas de su casa, por concedernos una entrevista como esta, por su amabilidad y por una velada genial. Espero sinceramente no tardar en volver a vernos.

Abreacciones

 Entrevista:

Maite: A modo de introducción, puedes contarnos si existe alguna división entre David Costa como persona y David Costa como artista.

David Costa: Por supuesto que existe. Yo creo que tengo tres David. El David sin apellido. Que es un David cercano, un David de su familia, de sus amigos. Luego está David Costa, el artista como tal. Y finalmente, está David Costa Fernández, que es un registro civil, con unas obligaciones, con unos derechos y con un número en la Seguridad Social. Y además, hace tiempo que he pensado en ello, y no tienen nada que ver el David cercano con el David Costa que es artista, que de alguna manera fuerza esa creación a través de la introspección, y luego el David Costa Fernández que no es nadie ni para mis amigos, ni para nadie cercano, pero sí para España y para las obligaciones que tengo como ciudadano.  Sí, yo entiendo que son tres cosas diferentes. No tres personas diferentes.

 Cuando no tenía muy clara esta cosa, de que uno no es un individuo completo en todas sus situaciones y se comporta de la misma manera, andaba un poco perdido. Entonces, muchas veces, el David Costa, ese artista, por así decirlo, que llevo dentro, se apoderó de tantos espacios de mi vida privada, que me olvidé de ese David llano, simple, sencillo, cercano a su familia y a sus amigos, porque ese David Costa que es más profesional, más artista, más calculador, se llevó gran parte de toda mi personalidad.

 M: ¿Puede decirse que incluso te llegó a asfixiar?

 D: Sí, efectivamente. Sí, y por eso me vi obligado a hacer una separación entre mis diferentes “yos”. Hasta entonces, no entiendes que puedas ser muchas cosas. Pero uno no se conoce de la noche al día. Uno tiene que probar muchas cosas en su vida y tienes que forzar muchas situaciones para saber cómo es, y las tienes que forzar con los amigos, con la familia, porque la familia quiere pensar que tú eres de una manera y te obliga a comportarte de esa manera. Hasta que no fuerzas esas situaciones tú no concluyes exactamente quién eres.

 Intento ser artista desde que tengo uso de razón.  He sido muy mal estudiante, pero sabía que iba a estudiar Bellas Artes, iba a ser un artista quizá desde que tenía seis o siete años. Y no porque me acuerde yo, sino porque mi madre ya me lo decía, o sea, desde pequeño ya me sentía identificado con una cosa y era con eso. Entonces, tanto tiempo educándome en ese sentido, conjugó quizá una persona que lo único que pretendía era ser artista y se te olvida otro tipo de cosas que te hacen feliz. Posiblemente en ese camino incluso, me olvidé de ser feliz. Y no porque me obsesioné en ser un artista, sino porque sólo le hice caso a esa parte que asciende a lo profesional y no de forma frívola, porque cuando era pequeño, no quería ser un artista de forma frívola, lo quería ser porque me hacía bien. Pero bueno, olvidé un poco esa parte más familiar, más amistosa y más llana, más comprensible.

M: Hay dos series que son, desde mi punto de vista, bastante inquietantes: “Eidetismos” y “Abreacciones”. ¿Podías explicarnos o hablarnos un poco de estos dos conceptos? Porque supongo, que no están escogidos al azar, sino que tienen un significado concreto detrás.

D: Sí. Digamos que desde los inicios de mis creaciones, antes incluso de sentirme creador o artista como tal, y tardé en sentirme así, siempre me han interesado las personas. Siempre me ha interesado comunicar a través de la persona. Cuando vi que había un denominador común en todo lo que yo hacía, que era la persona, me pude centrar un poquito en ese trabajo. Empecé con determinados trabajos, que ya entendía que podían ser más personales, más artísticos. Esto no ocurrió, probablemente, hasta tercero o cuarto de carrera.

Hice determinados trabajos, para alguna galería o alguna sala en Granada, que me ayudaron a focalizar ese trabajo. Iba un poco a tientas, porque no sabía exactamente qué era lo que me interesaba de las personas, pero sí que eran las personas, y me dediqué pues a trabajar en torno a ella pero de una forma, quizá un poco tosca, tropezándome con muchas cosas que entendía que tampoco me interesaban mucho. Porque bueno, tú puedes pintar una persona, que es lo que yo hacía, pero las pintabas de dos maneras, o vestida o desnuda, y entendía que no me interesaban ni de una forma ni de la otra. Porque de alguna manera, todo ello, era mostrar lo que tiene una persona por fuera y no por dentro. Entonces, no sabía cómo saltarme esa regla.

Probablemente el primer trabajo, fue “Eidetismos”, más personal, indagué un poco no en el parecido físico sino en el parecido psíquico, en el parecido de adentro. Para ello, a través de la introspección, me quedé simplemente casi con trabajar con mi autorretrato, es decir, con la imagen de mí y no de los demás. Porque entendía que ahí podía indagar sobre cuestiones internas. Descubrí que si el denominador común era la persona, no era ni mucho menos lo de fuera lo que me interesaba si no lo de dentro, con lo cual, todo lo que era fuera, de alguna manera, lo deshice. Ya no me interesaba tanto para mi obra.

 De hecho, en los cuadros de los “Eidetismos”, es difícil determinar si esas cosas que están ahí, están vestidas o desnudas. A través del chorreón y a través de determinadas técnicas, lo evidencié. Entonces, me fui metiendo en investigar sobre la introspección, los autorretratos, y me metí en el mundo de las cosas reprimidas. Fue un poco por casualidad. Porque yo no esperaba encontrarme eso. O sea, cuando tú te metes dentro de ti mismo, dentro de la psique humana, te tropiezas con muchas cosas que no sabes qué son, que están ahí. Que desconoces. Cosas reprimidas, que cuando le abres puertas, toman esa forma.

M: Tus pinturas reflejan, al menos la percepción que puede tener uno desde fuera, cierta violencia y agresividad. Como si intentases o deseases liberarte de alguno de tus fantasmas. ¿Es así?

D: Sí. De hecho mi primer trabajo, como te decía, así más personal, fue “Eidetismos”. Son una serie de fantasmas emocionales. Son fantasmas emocionales porque recurro a todas esas cosas que estaban ocultas, ya ni siquiera reprimidas, ocultas. Entonces, todo lo que se trata de ocultar se convierte, en una sombra, una proyección fantasmagórica de determinadas cosas. Fue entonces, cuando empecé a investigar, empecé a descubrir esos fantasmas.

Son muy siniestros, de alguna manera, porque conllevan un paralelismo de mí. Que ninguna de ellas se podría decir que es un autorretrato como tal, porque no me interesaba ni mucho menos el parecido, pero que a través de la lectura de absolutamente todo, se conjuga un ente, una realidad. ¿Por qué se convierten en seres fantasmagóricos? Simplemente, porque al estar reprimidos, al estar ocultos, necesitan salir y lo necesitan con una actitud un poco violenta.

 M: Por eso decía, que esos dos conceptos no son casuales.

 D: No. Nada es casual. Al final, te vas topando con aquello que tú quieres. Porque de alguna manera, en cuanto que te lo encuentras lo aprovechas. Es decir, si no hubiera sido de esa manera hubiera sido de otra. Conocí a un chaval de la Facultad de Psicología, con el que hice bastante amistad, que además es de aquí de Alicante, y bueno, a través de quedar con él y conversaciones, a mí me interesaba esa parte de la psicología y a él le interesaba mucho el arte. Fui cogiendo libros de medicina, pues para estudiar un poquito todos los conceptos médicos. Y me topé con un libro de medicina que hablaba de Freud y de todo lo que se hacía en ese momento, y ahí tenía un montón de palabras que se usaban en los circuitos médicos. Y encontré ese concepto, que era eidetismo.

 Yo tenía una libretita y apuntaba todos los conceptos que me iba encontrando, que de alguna manera, sabía que formarían parte de mi trabajo, porque canalizaban aquello que quería expresar. La palabra eidetismo, es un concepto en el que se vuelve a vivir algo que ya has vivido. Le suele pasar a los niños y a las personas que han pasado por un acto traumático lo suficientemente gordo como para que de repente vuelvan a revivir esa vivencia. Pero la vuelven a vivir como si de verdad estuvieran en ese momento. Es decir, no es un recuerdo de aquello que pasó, sino determinadas cosas, olores, actitudes, que genera que vuelvas a vivir aquel miedo, aquella situación traumática que en algún momento hayas tenido, y la vuelves a vivir como si de verdad ese momento estuviera pasando por segunda vez. Entonces ese concepto tenía mucho que ver con lo que yo estaba sacando. Ese nombre describía aquello que estaba haciendo. Eran “Eidetismos” porque eran otra vez esas vivencias traumáticas que  de alguna manera tuve en algún momento, que estaban ahí presas en mí.

Te he hablado del concepto de eidetismo, y la abreacción, era otro término que se usa en psicología y en medicina. Son poco comunes y eso también me gusta, porque obliga a la persona que está delante del título a, si quiere, conocer un poquito a través de su propia investigación qué es ese hecho. La abreacción es el canal por el que recuperas la represión. Es decir, abreaccionar es un verbo. Abreaccionar es recuperar esos traumas reprimidos a través de la música, de la danza, de la pintura, del baile o de expresarse corporalmente de una forma libre. Es decir, yo abreacciono lo reprimido moviéndome o agitando los brazos, o pintando. Como ya se convierte en un acto mucho más consciente, desaparecen los fantasmas emocionales. Pero sí que aparecen aquellos monstruos, aquellos engendros de cosas reprimidas que se han ido convirtiendo, a lo largo del proceso, en otra cosa. Aparecen esos monstruos que quizá ya no tienen mucho que ver con lo humano porque, en el propio proceso de vivencia, se han ido transformando en multitud de cosas.

 M: Sí. A mí me interesaron mucho desde la primera vez que las vi. En cierta forma, yo me sentía y me siento muy identificada con esas imágenes. Era como si alguien supiese cómo me he llegado a sentir en un momento concreto, y eso produce una sensación extraña. Porque en realidad lo que yo estaba viendo era un reflejo de mi misma.

 D: Sí. De alguna manera, yo lo que quería provocar, no era tanto que la gente viera esas partes de mí, como que la gente descubriera esas represiones en general que tienen las personas. Trabajé sobre mí principalmente y no exclusivamente, porque también trabajé sobre algunos retratos de mis amigos, que terminaron por no parecerse absolutamente en nada. No me interesaba eso. Lo que quería era conjugar esas represiones que son comunes. El problema es, que determinadas personas no se sienten lo suficientemente liberadas mentalmente, como para poder ponerse delante de una represión ajena o propia, sin tenerle miedo. El problema es que mi obra, por la naturaleza que tiene, no pasa desapercibida. Es decir, llama mucho la atención, y o te gusta mucho o desagrada muchísimo. Normalmente suele ocurrir más lo segundo que lo primero.

M: Quizá de lo que se horrorizan es precisamente de sus propios miedos.

D: Exactamente. Hay mucha gente que tiene cosas reprimidas y desea seguir teniendo esas cosas reprimidas. Y hay otras personas que están dispuestas a ponerse delante de sí mismos y preguntarse por qué hacemos unas cosas, por qué otras y volver a conjugar una nueva realidad a través de ese conocimiento. Entonces, mis pinturas son muy agresivas, probablemente porque no te dejen otra alternativa que preguntarte determinadas cosas cuando las ves. Es decir, tienen una escala muy parecida a la humana. Pinto en unos formatos para, de alguna manera, generar ese diálogo a través de un individuo con una escala lo más similar a la escala humana. Se genera un diálogo. Además trato, que cuando cuelgo los cuadros, la mirada del cuadro esté por encima de la tuya. Entonces cuando tú vas a verlo, tú no eres el espectador. Es decir, tú te ves observado por esa pintura y es muy agresivo.

Es muy agresivo sentirte observado por una pintura. A mí me interesa eso, porque cuando esa persona se encuentra ese diálogo se desprotege, se quita esa arma, se ve obligado a quitársela porque entiende que quien está mandando no es él. No voy y miro los cuadros cuando a mí me apetece y como a mí me apetece. Probablemente mientras yo estoy viendo uno, otro que está al lado me está mirando. Siempre además utilizo, bueno no siempre pero en la mayoría de los casos, cuando yo hago las fotos, de mí mismo o de otras personas, las hago desde abajo para que se vea un picado. Es decir, que las personas, las actitudes de esas personas que están mirando, son un poco soberbias, son un poco altivas. Están más altas que el espectador siempre y eso intimida mucho. Eso tiene sus ventajas y tiene sus inconvenientes. El inconveniente es que mi obra no es una obra vendible. No es vendible porque la gente no está dispuesta a poner una cosa agresiva en su casa. Sin embargo, en las ferias de arte contemporáneo en las que yo he asistido, llama mucho la atención.

M: En la obra titulada “Ensayo sobre lo incierto”, comentas que supone un punto de partida de los interrogantes acerca del ser humano. ¿Cuánto de incierto hay en el ser humano y en su actitud?

D: ¿Cuánto de incierto? La gran mayoría de ello. Creo que, por poner una similitud, como el globo terrestre. ¿Cuánto hay de visible dentro del planeta Tierra? Pues la corteza terrestre, es decir, las montañas, los ríos y los mares, pero la Tierra es mucho más que eso. La Tierra tiene multitud de capas, tiene un corazón ardiente y casi todo está oculto. Yo creo que en la persona pasa un poquito lo mismo. La gran mayoría de cosas, son las que están ocultas.

 Además, no olvidemos que vivimos en una sociedad donde se nos enseña a vivir. Se nos enseña a vivir en sociedad, a comportarnos en sociedad, se nos da protocolo, se nos dice como hay que comer, como hay que dormir, como hay que amar, como hay que hacer el amor, como se comporta uno con sus amigos, con tu jefe y entiendo que sea así porque si no esto sería una completa selva, donde cada uno haría lo que quisiera. Pero todo aquello que está reprimido conjuga un mundo muchísimo más grande que lo que está visible a todos, precisamente por eso, porque vivimos en una  sociedad en donde se nos enseña a canalizar justo aquello que tiene aceptación y lo que no tiene aceptación, lo tienes que reprimir. Te ves forzado, no porque a ti te apetezca, sino porque te ves forzado a ello.

M: Para finalizar nuestra entrevista, David, ¿qué proyectos tienes en marcha? ¿Qué es lo que a ti te gustaría realizar, o por el contrario, por una serie de circunstancias no es el momento de hacerlo?

D: A ver, en la actualidad, tengo un parón creativo. Tengo un parón creativo porque además las circunstancias personales, laborales y del país son las que son. No tengo cerrado nada. No sé si volveré a coger los pinceles, estoy convencido de que sí. Pero bueno, en la actualidad las cosas están como están. Es decir, determinado parón quizá me venga bien para decantar un montón de cosas que quiero y que no quiero. Desde luego, yo he visto los pasos que he ido dando como artista, me han dado un conocimiento del mundo artístico y he visto muchas más cosas que no me gustan de las que me gustan. Y me disgustan mucho y me cabrean como están. Entonces, quizás el desengaño que tengo con el mundo artístico, haya forzado ese parón. Cuando me reconcilie con eso, con esa idea, quizá vuelva a crear y terminará en x, no lo sé. Estoy buscando la forma de reconciliarme con los conceptos artísticos.

M: Esperemos que no dejes los pinceles, porque sería una verdadera lástima. Y muchísimas gracias por hacer posible esta entrevista.

D: Muchas gracias a vosotros.

M: Ha sido un placer.

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