Pasillo - boceto para el proyecto Efigies

Conversando con Laura Blanchard

En ocasiones la vida nos depara casualidades muy agradables, y una de ellas fue conocer a Laura Blanchard. Para ser sincera, ya había coincidido anteriormente con ella, pero ni me imaginaba quien era y los proyectos que había llevado a cabo. Sin embargo, sería tiempo después cuando volveríamos a encontrarnos, esta vez en la Escuela Oficial de Idiomas de Alicante, allí comencé a tomar conciencia de la personalidad tan prometedora que tenía enfrente de mí. Laura es una mujer con un gusto muy especial por la estética y tiene muy claro lo que quiere conseguir, es artista y así se considera. Sus obras son de lo más diversas, hallamos desde video-instalaciones como “raíces, viento, melodías”; la instalación “Mon Coeur II”; las series fotográficas “Aracne” o “Shadows”; cuadros al óleo…etc.

La entrevista que a continuación os presentamos, nos permite conocer un poco más sobre ella, cuáles son sus inquietudes, y por supuesto descubrir el singular proyecto de “Efigies”, cómo nace la idea y las motivaciones que la llevan a plantearlo. Una instalación que, desde luego, si se llevara a cabo, proporcionaría las más diversas interpretaciones y reflexiones. Es indudable que esta chica aún puede sorprendernos mucho, y estoy segura que conforme su obra vaya madurando nos dará grandes sorpresas.

Entrevista:

Maite: Hola Laura, la verdad es que hacía tiempo que deseaba hablar contigo, y por fin hemos encontrado un momento para poder hacarlo. Eres licenciada en Bellas Artes y actualmente estás realizando un doctorado en Historia del Arte sobre “Las celebraciones por la llegada y la boda de Felipe V en Barcelona”. Cuéntanos cómo es Laura y cómo llega a convertirse en artista.

Laura Blanchard: Muchas gracias a ti por darme la oportunidad de hacer esta entrevista. En cuanto a tu pregunta, lo cierto es que se me hace un poco difícil contestarte porque yo misma no sabría distinguir un punto determinado de mi vida en el que decidiese dedicarme al arte. Supongo que surgió poco de a poco de alguna forma. Desde luego, no recuerdo una etapa de mi vida en la que decidiera estudiar Bellas Artes. Aunque, como nos ocurre a la mayoría, sí que es cierto que en el momento en que tenía que escoger una carrera se me plantearon varias dudas, éstas fueron sobre todo por la dificultad que suponía la carrera tanto a nivel profesional como a nivel económico, pero en ningún momento se trató de un problema con respecto a mi vocación.

Como te digo, no existió ningún momento en el que tomara la decisión, simplemente me ha atraído el mundo del arte desde pequeña. Y cuando digo arte, no me refiero únicamente a las artes plásticas en las que yo me haya podido especializar, sino también a otras formas artísticas como la literatura, la música o el cine. Recuerdo que cuando era pequeña solía ver los pocos programas de música que ponían entonces en la televisión, o las obras de teatro, e incluso recuerdo reportajes sobre fotografía o antiguas entrevistas con Dalí de las que se solían retransmitir fragmentos. En especial recuerdo un reportaje o una emisión parecida sobre David Bowie que me llamó especialmente la atención.

Este tipo de cosas me llamaban la atención y sentía interés por ellas. De alguna manera, poco a poco, al ir haciéndome más mayor comencé a visitar museos de mi propia elección, no sólo aquellos a los que iba con mis padres, o quería conocer más sobre un músico o un pintor, o me interesaba de una forma más profunda por determinados escritores. Con el tiempo perdí un poco la cobardía e intenté hacer algo por mí misma. Al principio di clases de dibujo y pintura, después intenté escribir algo, y así poco a poco hasta que acabé profesionalizando aquello que me gustaba.

M: ¿Cómo definirías tú obra?

L: En líneas generales diría que mi obra tiene cierto componente introspectivo, pero por alguna razón no logro poder exhibirme del todo y siempre lo oculto la mayoría de las veces a través de temas más generales que pueden recurrir a la mitología, la historia, o incluso a veces a paralelismos entre lo que yo quiero hacer en ese momento y alguna obra de algún determinado escritor o algún cineasta. Algunas de mis obras han tenido como simple detonante una poesía que me ha llamado la atención o alguna escena de una determinada película.

Es cierto que me interesan bastante temas como la mujer, el cyborg, o la naturaleza, pero no guardo en ellos ningún componente de tipo social, que no estoy diciendo que no sea importante, pero en mi obra no se encuentra porque no es mi sensibilidad. Lo que me interesa podría decir que es, hacer un análisis de conceptos como estos para que desde otras disciplinas los puedan visualizar desde una perspectiva nueva, quizás más vinculada al mundo de la psique y los sentimientos. Evidentemente, siempre es mi visión personal la que está detrás, nunca se puede ser objetivo, ni el mejor fotógrafo de guerra lo es, pero intento aportar mi granito de arena a debates actuales que están ahí y que siempre están politizados.

M: En nuestras conversaciones previas a la entrevista, me hablaste de un proyecto que hiciste llamado “Efigies”, ¿podrías explicarnos en qué consiste y cómo surge la idea de hacer un trabajo de este tipo?

L: “Effigies” es un proyecto, desgraciadamente aún no está materializado, que trata el tema de la prostitución. Como ya he indicado antes, en mi obra no suelo tratar los temas desde un punto de social, por lo que el proyecto no entra a valorar la prostitución desde ninguna posición. En realidad, el tema de la prostitución surgió simplemente por una estética visual. Hace unos años fui de viaje a Amsterdam con unas amigas y el Barrio Rojo me dejó bastante impresionada. La impresión no fue causada por una valoración subjetiva sobre el tipo de negocios que allí pudieran darse, sino que fue simplemente una impresión visual. En cuanto comenzamos a ver “los escaparates con las mujeres”, porque son realmente escaparates con mujeres, las fachadas de las casas y, en general, el marketing empleado en todo el Barrio nos quedamos muy sorprendidas. En Alicante u otras ciudades la prostitución en determinadas calles siempre ha podido ser más o menos visible pero desde luego no se encuentra la parafernalia visual que se encuentra en el Barrio Rojo.

A mí se me ocurrió que todas aquellas mujeres eran personajes sacados de una película de Fellini, parecían realmente sacados de “Satyricon” o de “Amarcord”. Recuerdo sobre todo tres de aquellas puertas de cristal que estaban juntas; en la primera había una chica joven de unos veinticinco años que interpretaba un papel digamos más dulce, tenía una rosa en la mano, lencería blanca y demás; la chica de en medio en aquel momento no estaba y había dejado una rosa sobre el taburete que tenía allí; y la tercera era una mujer de unos cincuenta años, muy maquillada, ya te digo como las actrices de “Satyricon”, ropa interior negra, y estaba pegada al cristal sacando la lengua, pero no digamos de una forma soez y demasiado directa, sino que parecía más bien una autómata. Yo diría incluso que, de alguna manera, estaba asexuada. Ya te digo que a mí todas me parecían personajes de película más que mujeres reales, y todas sabían explotar su estilo y su propia belleza a su manera.

Por un lado, parecía un mercado en el que los clientes podían elegir entre una gran variedad, pero por otro, también parecía un gran teatro en el que de alguna manera se jugaba con lo burlesco. A todo esto se sumaba la propia belleza de la ciudad y su carácter antiguo, como de otro tiempo. Desde luego, para mí el choque visual fue muy grande, y simplemente, por una estética que me había parecido atractiva, decidí hacer algo con una estética parecida. Como ya te digo, no se entra a valorar el tema de la prostitución como tal, aunque soy consciente de lo polémico que puede ser, pero me pareció bien usar esa polémica para que el espectador que pudiera entrar a la instalación, pues “Effigies” es una instalación en la que el espectador interactúa en cierta forma, se percatara de que la instalación estaba allí y después la recordara. En realidad, las prostitutas que aparecen en mi instalación toman el papel de personajes al igual que las prostitutas de las calles de Amsterdam. Hay un plano terrenal, en el que son prostitutas, y un plano espiritual, en el que son determinadas diosas griegas, cada una presentando un concepto diferente. En parte también quería jugar un poco con la dualidad clásica de la mujer virgen y la mujer insecto o mujer pantera.

M: En este proyecto las mujeres que representas son prostitutas, ¿crees que puede haber gente que lo interprete como una justificación hacia la prostitución, o por el contrario piensen que haces una banalización del cuerpo?

L: Cuando comencé a idear este proyecto me plantee ese problema. Como ya he indicado mi obra no tiene, o por lo menos no lo ha tenido hasta ahora, un componente social como elemento principal, por lo que esa lectura sería errónea, y creo que la propia solución que tendrá la instalación permitirá que eso no se produzca, pero evidentemente nadie está dentro de la cabeza de nadie, y entiendo que haya gente que pueda hacer lecturas de ese tipo. Es un peligro que se corre siempre cuando se trata de temas polémicos como estos. Yo no voy a entrar a valorar la prostitución con mi obra, pero sí entro a valorar quizás el papel que pueda desempeñar la mujer aún hoy en día.

La mujer ha sido muchas veces analizada a través del cuerpo, y según éste se la ha convertido en virgen o en un ser “hipersexuado”, esto siempre dentro de la iconología clásica. No es el caso de mi obra. Yo trato con cuatro maniquíes a los que yo misma he disfrazado de cuatro (u ocho) personajes distintos. No creo que se trate de una interpretación banal, para eso ya están las películas para masas, los espectáculos musicales destinados a adolescentes, y la mayor parte de los programas de televisión. Quizás la gente acostumbrada a esto haga una lectura de mi obra como una justificación a la prostitución o un empleo superfluo del cuerpo de la mujer, pero como no es en ningún momento mi intención no creo que deba preocuparme en exceso.

M:  ¿Cómo entiendes el cuerpo de la mujer?

L: Para mí siempre ha sido motivo de inspiración si te soy sincera. Quizás porque yo misma soy mujer y siempre buscamos un ideal con el que identificarnos y al que queremos alcanzar. Para bien o para mal, esto es así, incluso la gente con más seguridad en sí misma tiene un icono que le atrae. Yo considero que esto es algo bueno siempre que no se trate de emular a otra persona perdiendo nuestra propia identidad. Supongo que es positivo buscar elementos que nos atraigan para ir conformando de esta forma nuestra propia individualidad. Encuentro el cuerpo femenino como un conjunto de gestos y cualidades: una determinada forma de andar, una mirada, los gestos que se puedan hacer con las manos.

Me interesa analizar el lenguaje corporal para llegar a las partes más íntimas de la personalidad de cada cual. Como ya te he dicho, quizás el hecho de que yo sea mujer haga que me interese más por estos aspectos en las mujeres que en los hombres. Recuerdo una profesora de la universidad que le pasaba exactamente lo contrario, prefería estudiar el cuerpo de los hombres. Yo prefiero analizar la personalidad de los hombres únicamente cuando escribo algún pequeño relato. Las piezas que escribo realmente para mí no son un producto final de mi imaginario artístico, no soy tan buena, pero me gusta de vez en cuando idear historias que me sirvan como principio de un proyecto ya dentro de las artes plásticas.

A veces la psicología que plasmo en un personaje masculino tiene una determinada cualidad que me lleva a crear una imagen visual relativa al cuerpo femenino. De alguna manera, prefiero analizar la psicología del hombre y la gestualidad de la mujer. Como ya te digo, creo que tiene algo que ver con mi propio cuerpo y al hecho de que soy incapaz de meterme dentro del cuerpo de un hombre y comprender su percepción. Las percepciones de hombre y mujer son distintas, incluso en cosas tan sorprendentes como la visión de conjunto de un elemento dado. Yo diría que empleo el cuerpo de la mujer para entenderme un poco mejor a mí misma y para intentar evolucionar de la mejor manera posible.

M: En la actualidad los cánones de belleza han cambiado a una velocidad asombrosa, especialmente en lo que se refiere a las mujeres. En tu opinión, ¿el arte se encuentra por encima de esa frivolidad que nos intentan vender los medios de comunicación, publicidad… o también se hace eco de él en algunos momentos?

L: Desde mi punto de vista, yo creo que el arte contemporáneo, no sólo se ha alejado de esa creación de un supuesto canon, sino que realmente yo diría que lo está combatiendo. Es cierto que hasta hace relativamente poco, históricamente hablando, el arte ha ejercido el papel de creador de un canon de belleza, o al menos intentaba publicitarlo. Ahí están una gran cantidad de lienzos con sus venus, o las antiguas figuritas que representaban a las diosas de las primeras representaciones. Pero yo diría, y de esto no se habla de demasiado, que también se creaban cánones masculinos, y se crean. Se habla mucho de la imagen de la mujer a través de la historia del arte y del supuesto menosprecio del cuerpo de ésta. Me estoy refiriendo a grupos como las Guerrilla Girls. Sin embargo, yo creo que se olvidan de los San Sebastián, de los Perseo, de los atletas griegos, de los Hércules, y demás personajes que han creado todo un mundo en torno a la imagen del cuerpo del hombre, y que a mí me parece que ahora se está sirviendo un poco de los deportistas. Quizás esto no les convenga verlo a grupos tan supuestamente activistas, pero las obras están ahí.

Por otro lado, puede que sea una lectura muy personal, pero yo creo que hay grandes diferencias entre los cánones que se lanzaban desde el arte y los que se pueden lanzar actualmente desde la publicidad. Me parece que quizás cuando era el arte el que llevaba la batuta en este aspecto quizás la presentación de un determinado canon no se hacía de una forma tan frívola y banal como lo hace ahora la publicidad. De alguna manera, siempre había una filosofía detrás y una iconología determinada con una razón de ser muy alejada del snobismo actual. Antes esas imágenes tenían una razón de ser, ahora no hay ninguna.

M: ¿Qué otros proyectos tienes en marcha actualmente?

L: Hace poco retomé un proyecto que abandoné, y la verdad es que eso ha hecho que cambie un poco en comparación a lo que iba a ser en un primer momento. Se trata de un conjunto de diez autorretratos en los que me represento bajo varios personajes de mi invención o basados en personajes históricos o literarios que me gustan. De estos dos últimos tomo algún elemento en particular. Los cuadros son al óleo porque es un material con el que me apetecía volver a trabajar y, en líneas generales, diría que las imágenes intentan captar un instante de una vivencia determinada de estos personajes. En cuanto al estilo, son una mezcla de pintura barroca y surrealista. También estoy trabajando en un vídeo en blanco y negro con tintes surrealistas, y bastante emocional, diría yo. Hace poco también he comenzado con los bocetos de una nueva instalación en la que el ruido tiene un papel muy importante. Trabajo a partir de máscaras diseñadas por mí y un conjunto de ruidos asociados a cada una.

M: De entre la gran multitud de referentes femeninas que encontramos en el mundo del arte, como es el caso de Maruja Mallo, Remedios Varo, Leonora Carrington o Frida Kahlo, por citar algunas de las más conocidas, ¿puedes decirnos quién te ha servido de ejemplo o modelo?

L: Realmente no tengo un modelo de artista-mujer. En lo que a arte se refiere, en todas sus manifestaciones, no me fijo si es la obra de una mujer o de un hombre, simplemente veo si me interesa su obra o no. En artistas-mujeres en las que sí me fijo de una forma especial es en las actrices y en las cantantes, sobre todo en las actrices. Y esto es así por lo que ya he indicado que lo que me interesa mucho es la gestualidad “femenina”. En las actrices hay un grandísimo campo en el que investigar. Es increíble lo diferente que puede ser la gestualidad de una actriz de los años 40 de la de una actriz de los años 70. Incluso una misma actriz cambia muchísimo a lo largo de su vida. Yo por ejemplo siempre me he fijado mucho en cómo usaba las manos Bette Davis o cómo usaba la mirada Machiko Kyo. Realmente yo me fijo más en períodos artísticos o en artistas determinados de los que me interese algo. No creo que exista algo como arte de hombres y arte de mujeres.

M: ¿Piensas que las artistas, a día de hoy, su trabajo no es tan reconocido y visible como el de los hombres, a pesar de que tenemos la suerte de contar con personalidades tan importantes como Carmen Calvo, que ha sido Premio Nacional de Artes Plásticas 2013?

L: En cierto modo creo que no está reconocido, pero me parece que sigue pasando eso tanto en el campo del arte como en otras disciplinas profesionales. Por alguna razón a las mujeres nos sigue costando un poco más destacar en algunos sectores. Aunque cada vez menos, me parece que es un problema que sigue existiendo. Desde luego, para mí no es una solución lo que ahora llaman “discriminación positiva”, sino que se debe valorar a las personas como tales en virtud de sus cualidades. Dentro del mundo del arte quizás se note de una forma especial, si bien no a pequeña escala pero sí dentro de los grandes circuitos.

En cuento a los premios, ya que lo mencionas, para mí son algo que está ahí. Los grandes premios suelen tener connotaciones políticas, al igual que muchas ayudas económicas, independientemente de la valía del artista. Me refiero a que hay artistas de poca calidad que reciben este tipo de premios y ayudas, y artistas de gran calidad que también los reciben. Lo único que los une es pertenecer a una determinada ideología política. Otras veces, sin pertenecer a esta ideología, me da la impresión de que el sistema intenta encauzarlos dentro de sí mismo para, de alguna manera, controlarlos. No niego que pueda tratarse de un reconocimiento, pero siempre he pensado que es algo con lo que hay que tener cuidado.

M: Para finalizar la entrevista, la música también es arte, por eso me gustaría saber si es un estimulante o motivación para recrear ambientes a través de ella, que permitan canalizar las emociones y faciliten la salida de las mismas. ¿Qué música sueles escuchar mientras trabajas en tus obras, si lo haces?

L: Para mí desde luego que es tanto un estimulante como una motivación para llevar a cabo un nuevo proyecto en muchas ocasiones. No sólo es algo que te ayuda mientras estás trabajando, muchas veces incluso te guía, sino que es siempre una fuente de inspiración. Personalmente suelo escuchar músicas muy diferentes. En estos momentos, gracias a mis estudios de doctorado, estoy conociendo muchos autores de los siglos XVII y XVIII, que son períodos que me interesan bastante.

Yo descubrí mi interés por la música gracias a Vivaldi y a David Bowie, por lo que su música digamos que me ha acompañado siempre. Con el tiempo descubrí otros compositores “clásicos” como Verdi, Charles Demazures o Erik Satie, que también me han influenciado bastante. Escucho sobretodo mucha música rock en líneas generales. Me gustan mucho, grupos como Savatage o Apocaliptica, y también “experimentos” del tipo de Ataraxia. Ahora mismo estoy muy interesada en el movimiento visual kei, sobre todo en Buck-Tick y en Der Zibet. Siempre intento que la música que escucho me aporte algo tanto a nivel emocional como a nivel conceptual. Lo que más me gusta experimentar es cuando un artista en especial te interesa y descubres que, de alguna manera, tu evolución artística está siendo paralela sin conocerte siquiera. Realmente es asombroso como se puede llegar a coincidir no sólo en los temas sino en la forma en la que los expresas. Para mí en cierto modo es una compensación.

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